sábado, 26 de mayo de 2012

La fijeza de los deseos





Dentro del movimiento poético costarricense contemporáneo, nos encontramos casos destacados como el poeta Gustavo Solórzano Alfaro, que por la naturaleza de su obra poética, abaza más lo contemporáneo que lo costarricense, y esto no es de ningún modo negativo, por el contrario, su obra  lleva lo costarricense (por así llamar a un “sabor literario” como podríamos decir lo argentino o lo hundureño) a lo contemporáneo, usando para ello, en beneficio de la buena literatura, no los estereotipos sino la frescura de pensamiento. En esta temprana poesía, sin embargo, Gustavo más que por el intelecto se decanta por lo emocional, por lo íntimo, abriendo, para quien es capaz de ver, los secretos de su corazón. En cuanto a lo contemporáneo, más adelante volveremos sobre el tema.
“Fijeza de los trenes” no solo es una confesión, sino un deseo hecho palabra, que se conecta con cada uno de nosotros, puesto que, aunque sea secretamente, todos tenemos deseos semejantes. Pero antes de decir algo más, leamos el poema:
Fijeza de los trenes
I
Me vengo fijando desde hace mucho.
Doy vueltas,
acaricio cada contorno de piedra y sal,
y yo me fijo y no hay nada.
Nada que pueda hacerme sentir de otra manera.
De otra forma menos ligera y tranquila.
¿Te has fijado?
Mira cómo puedo quedarme:
fijo en un punto,
en un punto sin salidas ni senderos,
sin otra aspiración que quedarme sentado,
esperando,
hastiado de mí mismo,
como una estatua, un lecho,
un árbol sin ramas ni raíz.
La fijación se me vuelve una angustia
y la angustia una apatía
y la apatía empieza a enojar mis manos
y mis manos también se quedan mudas,
fijas y absortas,
moderadas y abiertas.
Deambulo por estas calles
con los pitos de los carros
queriendo fijarse
en mis oídos.
Y me quedo fijo de nuevo:
fijación siempre.
La fijación no es un instante.
La fijación es toda la vida.
II
¿Por qué te quedas en el portal de mi puerta?
¿Por qué no entras y platicamos de nuestros hastíos?
Ya no puedo soportar más verte ahí
de pie, esperando,
solapada en el umbral de mi puerta,
cavilando mi defunción,
tomando medidas
para el traje que habrás de hacerme en la mañana,
vestido de encajes como el de la niña muerta.
Y mamá llama a todos a comer.
Y todos comemos
y nos vamos de nuevo a jugar.
Y el cartero insinúa palabras
que se quedan en ciudades
donde mis manos juegan a ser niñas,
y niños que pronto descubren
la delicia del hastío,
y entonces viven para él,
se alimentan de él y lloran con él,
y penetran a solas
los lugares donde yo estuve hace mucho.
Vamos, entra,
¿no ves que me canso de hablar solo?
La puerta,
tu figura carmesí
en la sombra de mi puerta.
No entras, tienes miedo,
todos tenemos miedo:
las personas que buscan
el calzado de su medida en tiendas equivocadas,
los señores apurados
que no saben que el tren hace mucho ha partido
y que la estación de tren fue clausurada
por unas manos ilustres
y por eso el tren nunca más regresa,
y sus esposas se quedan esperándolos
al otro lado,
sin saber que nunca llegarán
porque el tren fue clausurado hace mucho.
Y sus hijos ya son grandes y van a la escuela
y la maestra les habla de la historia de los trenes
y los niños no saben
que esa es la historia de sus padres;
de las personas que buscan trajes a su medida
en las tiendas equivocadas
porque el tren fue clausurado.
Y los niños ya son abogados y arquitectos,
y tienen en su puerta una mujer indecisa.
Y uno de esos niños, ahora grande,
convertido en abogado y arquitecto,
levemente susurra, cada vez más audaz
-porque ahora ya es grande y fue a la escuela y creció solo-
susurra a la mujer,
a la mujer detenida en el umbral de su puerta:
-Por favor, entra, ¿no ves que triste y solo que me siento?
¿No quieres entrar?
¿Prefieres quedarte ahí en el umbral de mi puerta?
Y la mujer le responde:
-Me vengo fijando desde hace mucho,
y ser el instante -efímero y eterno-
es lo único que puedo darte.
Y entonces el muchacho, ahora grande,
compra un tiquete para el tren de las doce,
pues ha olvidado que su maestra le hablaba
de que habían clausurado los trenes.
IV
Hasta este punto llega mi hastío.
Hasta sus propios y desnudos límites de asfalto.
Solo sirvo para escribir que escribo,
para decir lo hastiado
que estoy de mí mismo.
Yo quisiera volver al mundo,
eso es todo lo que quiero.
Mundo, lejanía que se pierde.
No me encuentro,
no te veo, no veo a nadie
y la estación del tren está vacía.
¿Qué me pasa?
¿No será todo producto de estas líneas
que no saben tampoco dónde detenerse?
A veces solamente quisiera descansar,
sin estar obligado a escribirlo todo,
a pensarlo todo y a exprimirlo todo.
Palabras vacuas como todas las palabras.
Profetas de otros lugares
que a veces mi vista quisiera conocer,
pero si los conociera,
lo conocería todo y lo sabría todo,
y entonces el hastío sería otro.
El hastío de serlo todo
para siempre y hasta siempre:
dios seguro de lo que debe hacer,
dios al borde del pecado y siempre bajo control,
comprando en las tiendas correctas,
tomando el tren en punto
porque los trenes no estarían clausurados.
Y entonces podría decirte de nuevo:
-¿Quieres entrar,
o prefieres quedarte al borde del camino,
dónde el mundo ya no es mundo
y mis manos no lo alcanzan,
dónde el hombre está perdido
y sus pasos no se escuchan?
¿No vas a entrar?
Y tu voz no me responde
y me quedo solo a la orilla del mundo,
y nadie me espera al final de la estación,
y yo pregunto por qué los trenes tan vacíos y tan quietos
y el mío que no llega,
y tu piel que se aleja,
y yo me quedo fijo, esperando,
como si algo estuviera a punto de ocurrir,
pero nada pasa
porque los mundos fueron clausurados desde siempre.
Y yo fijo, mirando la estación, tu figura,
mi propia fijeza al borde de los cielos.
Y nada ocurre,
y todo gira y permanece como si algo nuevo
estuviera por fin a punto de ocurrir.
Pero todo quieto,
y nada.
Nada pasa por el mundo.
El poema completo es más extenso, pero para lo que nos ocupa, este fragmento es suficiente. 
Pues bien, la palabra fijeza la RAE nos la define como firmeza, seguridad de opinión, y seguidamente, como persistencia, continuidad. Pero “Fijeza de los trenes” no nos habla de eso exactamente. ¿De qué nos habla? ¿Fijar nuestro deseo en la nada o en la ausencia de lo deseado? ¿Nos habla de la estructuración de algo que niega lo que se es, que separa las raices que tiene en un afán de reinvntarse, de ser la raíz de lo que vendrá a partir del propio deseo? Pareciera que expresa la conciencia de que se quiera o no formamos parte de algo, y su fijeza genera horror al contraponerlo al deseo de la libertad, de lo que se piensa o desea que ella sea. O a lo mejor los versos dilucidan una lucha contra la rutina de lo cotidiano y la sumisión a las reglas sociales y a que sean otros lo que determinen lo que se puede hacer o no. Parece que se comenta desde la visión de la niñez o mejor que eso, desde el deseo de un niño. Vemos reflejado el horror de quedar fijo en un engranaje de la vida haciendo o siendo algo que no creemos que es lo que nos pertenece: ejecutar una tarea por imposición, por no haber podido llegar a tiempo a otra circunstancia, un momento espacio temporal, que nos hubiera dado más placer, que nos hubiera hechos más felices. Incluso habla del papel de la mujer: ella otorga ser fija en él, es decir estar allí para su realización, para que él se complazca. Vemos pues, una exposición de la conciencia de la vacuidad de los placeres mundanos, la evolución de los deseos: se vislumbra, más que con el entendimiento, con la percepción del deseo mismo, cuán insatisfechos quedamos aunque el placer de lo mundano cada vez sea mayor. No basta.
“Fijeza de los trenes” no nos habla de los trenes, ni siquiera de la fijeza, pues es el esbozo de un deseo que ha sido atisbado a través de la sublimación de la materia, en la que nos satisfacemos de manera primaria. ¿Pero es que hay algo mejor? es acaso la pregunta. Allí reside el poema, en ese deseo hacia mundos más elevados. No se nos muestra el camino, ni los medios, ni siquiera de qué se trata, pero se nos da el primer paso: ese deseo por algo más elevado.
¿Y el tren, y la fijeza? Supongamos que queremos ir de nuestra ciudad a una mejor, y que se llega en tren, como podría llegarse en autobús o en barco. Tenemos la certeza de lo fijo (los barcos, los autobuses, los trenes, es decir, el mundo físico), pero no la seguridad del viaje. Un ejemplo en comparación sencillo es ir a la luna: sabemos que ahí está, podemos verla. Otra cosa es el valor de hacer el viaje, pues no hay seguridad de llegar vivos. Pues bien, si en cambio deseamos de repente hacer un viaje hacia un “lugar” desconocido, en una “nave” desconocida, que no sabenos quien guía, la única fuerza que nos guía es querer hacer el viaje. Pero antes de querer hacer el viaje está el desear algo más que el mundo físico. Acaso es este el punto de “Fijeza de los trenes”: la sublimación verbal del deseo de cambio hacia algo más que lo material, en donde la mujer es parte fundamental del viaje en tanto completud. Pero luego viene lo demás, que es realmente el principio del camino, y saber que allí no hay el placer de una cena exquisita, ni el calor de dormir acurrucado bajo las sábanas o ganar un premio: todos estos son placeres mundanos, que no nos sacian realmente. Son ilusiones.
¿Y dónde está lo moderno? Es lo más sencillo: hay creciente conciencia en el mundo de que los placeres del ego son ilusorios.

domingo, 1 de abril de 2012

Los rostros de la poesía

Cuando nos enfrentamos a preguntas como ¿qué es la poesía? o ¿qué es es lenguaje?, no podemos dejar de pensar en consabidas frases como “el lenguaje poético en la obra de fulano”, con lo que se nos da un indicio de que una cosa y la otra no son lo mismo. Nada nuevo, casi todo el mundo lo sabe; otra cosa es qué tan consientes somos de la frontera entre ambos, si es que la hay, o en nuestros días definir qué es lenguaje. Citaremos algunos ejemplos: el lenguaje de señas, el lenguaje corporal, la matemática. Luego, ¿es posible la existencia de la poesía en tales lenguajes? Empecemos por el lenguaje de señas. Escribir en braille un poema no parece tan complicado como traducirlo al lenguaje de señas, pero a lo mejor este último resulta más natural que el primero, con lo que desembocamos en el lenguaje corporal, y allí fácilmente podríamos pensar que la poesía traducida al lenguaje corporal se convierte en danza. En nuestra breve lista está la matemática, que comúnmente se le llama el lenguaje de las ciencias, por lo que es posible descubrir poesía en ella, desde los poemas sencillos de la aritmética, la elegancia de la geometría, las maravillas del cálculo infinitesimal o las odas de los teoremas seriales.
En la presente vigilia nos abocaremos a otear la poesía de una isla lingüística, ya que no un fósil, hablada por una numerosa comunidad en no pocos países de Europa, Asia y América. Nos referimos al ladino, también llamado judeo-español. Hablado en Grecia, Bulgaria, Turquía, Marruecos e Israel, por citar algunos de los países en donde tiene presencia. Posee incluso un centro general, por decirlo de alguna manera, que es la Autoridad Nacional Ladina, en Israel. Tomaremos como ejemplo una poesía de Margalit Matitiaihu, poetiza israelí con una cuantiosa producción en ladino.
¿Qué nos ha llevado a esta idea? Pues bien, el ladino es una lengua nacida en España, y por ende, al leer los poemas y comprobar cuán similar es con el español, cabe preguntarse si su ritmo y musicalidad interna, su manejo de imágenes es asimismo similar, y con ello explorar de cerca otro de los rostros de la poesía, y ver de paso, qué ha sido de esa lengua que hace 520 años debió abandonar su lugar de origen para dispersarse por el mundo, allí donde fuese bien recibida.

Veamos entonces que descubrimos en el engranaje interno del poema La memoria, sirviéndonos del lenguaje de la música, que es parte inseparable del lenguaje hablado y que mediante la métrica propicia una especie de partitura poética. Así, igual que en una obra musical, es posible ver los temas de donde se hacen las variaciones. En nuestro intento usaremos aspectos meramente melódicos. Para empezar, contemos las sílabas por verso:


LA MEMORIA

Una mano de hesito espando a la memoria 14
atando en ella siete caballos feridos 13
saltando entre luz y tiniebla, 9

El tiempo 3
es una eluenga cortada, 8
enfrente de mi 5 + 1 = 6
se debate y desparece. 8

La memoria se espande, 7
deviene velas palpando, 8
yo me encolgo en ellas 6
entregandome a la direccion 9 + 1 = 10
del corriente foturo. 7

Supito 3
las linias del aver se vaciaron del oxigeno. 15 - 1 = 14

Mi puerpo viene acudir, 7 + 1 = 8
va teshendo una resha 7
por mantener a la memoria 9
en el momento de la caida. 10

Podemos ver que la métrica más usada es la octosilábica, que es asimismo una de las más comunes en la poesía española. De los dieciocho versos, siete pertenecen al denominado arte mayor, once al menor. Todo esto nos dice que aunque usa una versificación libre con la ausencia de rima propia del verso blanco, podemos rastrear elementos comunes a la tradición española.

Ahora intentemos ver cual es la música del poema, cuál es su melodía. Así que agrupemos los versos no tanto siguiendo lo propuesto por la agrupación gramatical y poética, sino por el fraseo connatural al lenguaje, siguiendo los parámetros que ya habíamos usado en el artículo, La secreta música de la poesía. Como entonces, hacemos una propuesta:


LA MEMORIA

Una mano de hesito* espando a la memoria *
atando en ella* siete caballos feridos*
saltando* entre luz y tiniebla.*
El tiempo *
es una eluenga cortada,*
enfrente de mi*
se debate y desparece.*

La memoria se espande, *
deviene velas palpando, *
yo me encolgo en ellas
entregandome* a la direccion
del corriente foturo.
Supito *
las linias del aver*se vaciaron del oxigeno.

Mi puerpo viene acudir, *
va teshendo una resha
por mantener a la memoria *
en el momento de la caida. *


Luego, reordenando los versos con nuestra propuesta de fraseo musical, tenemos:

LA MEMORIA

Una mano de hesito*
espando a la memoria *
atando en ella*
siete caballos feridos*
saltando*
entre luz y tiniebla.*
El tiempo*
es una eluenga cortada,*
enfrente de mi*
se debate y desparece.*

La memoria se espande, *
deviene velas palpando, *
yo me encolgo en ellas entregandome*
a la direccion del corriente foturo.
Supito *
las linias del aver se vaciaron del oxigeno.

Mi puerpo viene acudir, *
va teshendo una resha
por mantener a la memoria *
en el momento de la caida. *

Y finalmente, reduzcamos todo a la versificación del arte menor, que es la que hemos visto que predomina:

LA MEMORIA

Una mano de hesito*
espando a la memoria *
atando en ella*
siete caballos feridos*
saltando*
entre luz y tiniebla.*
El tiempo
es una eluenga cortada,*
enfrente de mi*
se debate y desparece.*

La memoria se espande, *
deviene velas palpando, *
yo me encolgo en ellas
entregandome*
a la direccion
del corriente foturo.
Supito
las linias del aver
se vaciaron del oxigeno.

Mi puerpo viene acudir, *
va teshendo una resha
por mantener
a la memoria *
en el momento
de la caida. *

Así, proponemos esta versificación como aquella raíz connatural al español y al ladino en versificación blanca y de rima libre.

Hasta la próxima vigilia.

martes, 27 de diciembre de 2011

Novedades literarias locales

Estimados amigos:

Se avecinan nuevos libros de este servidor, que llevan ya tiempo esperando. Así que he decidido, como marco general, hacer un compendio de mis obras hasta ahora publicadas. Allí podrán leer algunos textos completos y grandes fragmentos, ver críticas y algunos estudios literarios que se han escrito al respecto. Y una vez iniciado el 2012, iré dando adelantos de las obras nuevas previa publicación, que será asimismo presentada en este nuevo blog. Pueden acceder a el bajo el título Leyendo a manuel, aqui mismo en Blogger, de Google.

http://leyendoamanuel.blogspot.com/

Cordialente, su amigo Manuel.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Crítica a "El día de la tercera revelación" por Benedicto Víquez Guzmán

El día de la tercera revelación es una novela maravillosa moderna. Pertenece a este género bajo la estructura de un paradigma polifónico que rompe con la tradicional novela monofónica. Desaparece la linealidad, la lógica causal, la dicotomía de los personajes entre buenos y malos y se abre la verosimilitud de un mundo de vivencias, sueños, denso, lleno de dudas, rompimientos, mitos, leyendas e incertidumbres.

Se estructura en diez capítulos y presenta un mural caleidoscopio de espacios y tiempo que semeja un laberinto de imágenes, sueños y sincronías. Todas narradas desde las polifonías de un solo personaje: Antonio, desde perspectivas distintas en la iniciación del ritual vida- muerte que permite penetrar en el mundo privado de su concienciación, proceso que evoca ya adulto en el momento de la muerte de su abuela.

El momento en que Antonio llega al cuarto de su abuela y la ve levitando es cuando abre una diversidad de encuentros y desencuentros, vivencias, evocaciones, progresiones, sincronías, dudas, y sobre todo se abre ante sus ojos como en un espejo laberíntico su mundo interior. Es el proceso que da inicio a ese ritual de formación en doble dirección: hacia su mundo interior y hacia el espacio y tiempo exteriores.

Así comienza este proceso caleidoscópico:

"Cuando entré a mi vieja alcoba y vi la cama al centro, creí que sobre ella alguien levitaba, por lo que, aunque no me detuve, la emoción del principio se transformó en recato y este a su vez en solaz. Me parece que duerme, oí la voz de mi madre, casi un susurro. Rigurosamente extendida, las piernas cruzadas lo mismo que las manos sosteniendo el rosario con todas las fuerzas que le restaban, segura de que aquel era el último esfuerzo de su voluntad, la abuela Claudia no pudo reconocerme cuando me le acerqué."

Es el momento justo cuando muere y a la vez crea la vida. La muerte como fin y principio, alfa y omega del proceso vital. Y este es el final de la novela:


"Me detuve por un instante a contemplarla. Parecía dormir después de una larga noche de vigilia. Su cabellera era ya completamente blanca, sin mácula. Entonces, igual que lo había hecho por la mañana, levanté su cuerpo cuidadosamente, casi retornando de repente a mi niñez, cuando conmigo en su regazo viajábamos imaginariamente hasta la capital. No pude sentir su peso, infinitamente más liviano al de pocas horas atrás, como si lo que tuviera ahora entre mis brazos fuera solo su recuerdo."

El tiempo cronológico, en la novela, no abarca más de un día, quizás una mañana. Pero abre el tiempo histórico que comprende sino una época sí un período de tiempo muy extenso en la formación de un pueblo a orillas de un río: Cañas, en la provincia de Guanacaste. Sin dejar de lado el tiempo mítico, tanto de nuestros antepasados como de la cultura china y sin dejar de lado el tiempo psicológico propio del personaje en su viaje privado a su interioridad. Y todo ello escrito en poco más de doscientas páginas.

Es en ese mismo día que suceden las tres revelaciones, pero no se crea que es fácil encontrarlas, que se disponen una tras otra y el lector las reconoce con facilidad. Ellas están esparcidas en ese laberinto de imágenes, sueños y recuerdos, vivencias que como en un remolino, en cámara lenta, nos envuelve, nos sumerge en el ojo, motor del movimiento y nos invita a "ver". Así la novela se convierte en un ver y junto al personaje asistimos a ese proceso de formación envueltos en esa trama compleja, llena de cenizas, niebla, luces sobrenaturales, animales míticos, encuentros culturales, frustraciones, pasiones, amores, viajes increíbles, todo bajo ese proceso, esa búsqueda de su proyecto vital en medio del remolino vida- muerte.

Y Antonio asiste y ve, en sueños su propia existencia en lucha contra los patrones recibidos e impuestos por la sociedad patriarcal, el modelo ideológico religioso, las costumbres, leyendas y mitos de una cultura que aniquila el ser, da muerte e impide Ser con mayúscula, Vivir su propio proyecto.

La abuela es la viva encarnación de esa familia, el roble que alimenta los cimientos de los nuevos miembros que giran en derredor de la matrona. Ejemplo de entereza, decisión, nobleza, fuerza, pasión pero también producto de la violación, el desamor, del desarraigo. Es la fuente que alimentó a Antonio, es el ejemplo que penetró ese retoño desde niño y codificó bajo sus estrictos pero nobles valores. Sola, casi huérfana, de niña sufrió, esta mujer indomable, la violación de parte de un gamonal machista, a escasos diez años y luego sufrir los vejámenes de amantes fugaces que pasaron por su vida solo por lapsos de tiempo determinados. Y sola con sus hijas y nietos se abrió camino entre ese mar de incertidumbres, congojas, ultrajes y vejaciones.

Antonio no es un personaje corriente, no narra su vida solamente, cronológicamente, es una y muchas voces a la vez. En él se encuentra la polifonía pues es la voz del niño indagador, que duda, que juega, que descubre su mundo y que tiene más preguntas que respuestas, también el adolescente que encuentra el amor como un ritual y se asombra en la vivencia, sobre todo con una niña de otra cultura, Mei Li, de quien se enamora y asimila los mitos del arcón de los amantes, encontrado en la tienda china. Mundo de fantasía, erotismo y rituales, a la vez que de asombros, secretos y misterios. Así el joven Antonio entre su formación musical que le ofrece su madre, los sueños y las sincronías de su abuela, las vivencias de su pueblo, se abre camino entre abrojos y recovecos, dejando de lado la troya que le diseñaron para su seguridad, prefirió llegar a la línea entre vida y muerte, solo, sin ayuda, en su propio camino.

Paralelamente a este viaje en su concienciación se abren los viajes físicos por las Antillas y luego por Europa, Francia, Rusia, Alemania, etc. que le permiten enfrentar no solo otras culturas sino su propio proyecto. Es como un viaje circular de encuentros, de vistas panorámicas, de uniones y separaciones, de posesiones y desarraigos, hasta llegar a la muerte, en este caso simbolizado por la abuela Claudia.

"Luego vi el jardín lleno de rostros y cada rostro, solo después de un instante, en su respectiva cabeza y cuerpo. Había una multitud rodeándome que apenas tenía el peso de una enorme sombra. Fue entonces que regresó a mi el recuerdo de aquel sueño de mi niñez, cuando aún estaba en la escuela primaria. Vi, como entonces, que avanzaba por entre un manto de niebla rodeado de rostros desconocidos. También veía como manos y brazos surgían de la niebla, pero no veía ni los pies ni el tronco de cada cuerpo, como si en realidad no hubiera allí nada más que rostros, brazos y manos. Todo era ingrávido y silencioso, aunque los rostros gesticulaban vivamente, y podía ver cada detalle. Nos detuvimos al llegar a un precipicio, más bien como una gigantesca grieta que nos separaba de otra porción de aquella niebla. Sentí que manos y brazos me empujaban suavemente animándome a saltar al otro lado, en donde los rostros me aguardaban con júbilo. Fue entonces que oí por primera vez sus voces, confusas en un enorme coro de susurros. Pero tuve miedo y no quise cruzar." (p.167)

Es el límite entre la vida y la muerte.

El día de la tercera revelación es una novela que rompe con todos los esquemas tradicionales de nuestra literatura y se ubica en el paradigma polifónico de la narrativa contemporánea. Un esquisto ejemplo de creación literaria actual y que ubica a nuestras letras en el ámbito universal con todos los merecimientos del buen narrar. Me agradó sobremanera.

http://heredia-costarica.zonalibre.org/archives/2011/11/el-dia-de-la-tercera-revelacion-novela-del-escritor-costarricense-manuel-marin-oconitrillo.html

Crítaca a "De bestiis" por Benedicto Víquez Guzmán

La novela De Bestiis está configurada bajo el paradigma polifónico. Se estructura en tres partes sin título.

En De Bestiis, los seres imaginarios, los incomprendidos y temidos personajes del bestiario, terminan coincidiendo en el espejo con nuestra imagen asombrada. Así el espacio de la novela se torna laberíntica.

Los críticos acostumbrados a encontrar parecidos e influencias recordarán a Borges y esto, a pesar de ser cierto, no agrega mucho a la creación literaria que el autor ofrece. Así se observan voces de personajes que desde un presente, propio de la enunciación, se crean, se delinean, se personalizan y como en un coro de contrastes y contrapuntos, descubren sus recuerdos, evocaciones, sus tiempos idos y se interiorizan en sus propios laberintos con el fin de reproducir sus imágenes virtuales, apenas sospechadas y escasamente vividas. Una voz se hace presente y evoca:

"Mi nombre es Wolfgang Ungeheuer, y dejo claro desde el principio, que le he sido fiel toda mi vida, y que quizá es lo único de lo que estoy orgulloso, si es que a mi edad eso tiene alguna importancia. Anoche, al mirarme al espejo, mi reflejo estaba ausente, era otro quien ocupaba mi sitio, alguien demasiado familiar y cuyo rostro juraría que no he olvidado, aunque no estoy seguro de que tuviera rostro, de que aquellos ojos que me miraban fueran en realidad ojos, tan brillantes, y que a pesar de ello, su luz fuese como la más honda negrura que jamás hubiera visto. Hace ya diez años que me he establecido aquí, y en mí eso es saber donde voy a morir, donde mis recuerdos soltarán el amasijo de ceniza que he sido y dejarán que se lo lleve el viento. Todo aquí es lentitud, igual que si el reino de la ceniza se extendiera por los campos, por todos los valles e inundara los ríos con su sabor amargo, e hiciera de los hombres que habitan sus confines criaturas adormecidas."

Y casi de seguido afirma:

"¡Qué viejo soy, polvo apenas sostenido por recuerdos! No quisiera recordar a veces, en verdad quisiera que en mi todo fuera olvido, que esta larga aventura fuese sólo un terrible sueño."

Y la casa se llenó de bestias, voces, sueños, recuerdos y cobró vida como se fuera un anticuario pero de seres vivos. Una especie de biblioteca vital con una ventana como único ojo que permitía a los habitantes otear el horizonte, contemplar el mundo exterior y armonizar esos dos mundos extraños que tanto impresionaban a sus moradores, perdidos en esos laberintos llenos de espejos.

"Aquella sería la primera bestia de su colección, la primera aberración de tantas que inundarían paulatinamente la biblioteca y luego la casa entera. "Parece que papá no respeta la memoria de nuestra madre y llena la casa de monstruos" solía decir Clara muy a menudo, hasta que ella misma empezó a sentir atracción por la horda de criaturas y fue perdiéndose en un mundo silencioso, apenas de vagos gruñidos y miradas vacías, como si ningún ser habitara ya su hermoso cuerpo, ahora semejante a la concha de un caracol olvidada a la vera del camino."

En el mundo exterior solo aparecen los lugares y las aventuras como vivencias intuidas, sufridas, más deseadas que experimentadas. Así se enlazan interioridad y exterioridad, coexisten, en espacios diferentes pero experimentados:

"Para los que huyen, sólo hay dos caminos hacia la libertad: la locura o la muerte."

Dicho por el personaje cuando de Venecia y las lujuriosas noches con Lilith y la impotencia en los deseos de poseer a Margot, se dirige a África. No solo las imágenes permiten cotejar este dualismo sino hasta los espacios y el tiempo.

Así los personajes recorren sus propios laberintos en el mismo laberinto interior y desde su espacio monótono, rutinario y hasta asfixiante como trascurren los días en la oficina, en la biblioteca se abre el ojo-ventana y les permite salir, escapar y visitar no solo países lejanos sino las mismas casas conocidas como la de su prometida, en el caso de Alexánder, y encontrarse con otros personajes ya desaparecidos como don Tobías que evoca otras dimensiones más cercanas a las pesadillas.

Así abre ese mundo que la semióloga Kristeva llamaba carnavalístico, Menipea y que yo he codificado como polifónico y cercano a la sinfonía. Y el espejo se convierte en su mejor aliado.

Dos mundos llenos de monstruos, uno interior y otro exterior. Este último más conocido, frecuentado y visible. Así Wolfgang no los colecciona porque estos habitan con nosotros en las ciudades y deambulan entre las multitudes y llegan a los bares y cafés de moda. Viven en los espejos porque en definitiva estos monstruos habitan en nosotros, somos nosotros mismos.

Entonces la búsqueda de Wolfgang es contraria a la de su padre. Éste colecciona seres monstruosos reales como el perro de dos cabezas para evadir la monstruosidad que se insinúa en el espejo.

Alexander Suárez, que se puede tipificar como personaje corriente y poco llamativo, descubre en él la señal de la bestia maldita. Lo intuía, lo atisbaba, lo presentía hasta en sus sueños. Las claves de ese laberinto llegaban en todo lo que miraba con relación a este personaje, pero huyó, quizás por temor de penetrar en esas puertas que lo tentaban y así traspasar ese umbral del que no se puede regresar. Hasta que leyó el diario.

En la tercera parte de la novela se abre la noche de la iluminación. Todas las dudas se han despejado, no así en el mundo exterior, como sí lo fue en el mundo interior de Alexander.

Y la novela cierra con una perturbadora afirmación: vivimos un mundo interior y exterior lleno de monstruos, de bestias, e irremediablemente debemos enfrentarlo, pues solo éste existe y, por desgracia y aunque quisiéramos soslayarlo, esa es la naturaleza humana.


"http://heredia-costarica.zonalibre.org/archives/2009/09/manuel-marain-oconitrillo.html">

martes, 20 de septiembre de 2011

La torre de Babel y la evolución del ego

En ese andar de lectores curiosos, tenemos a veces hallazgos felices, de insospechadas fuentes. Es este el caso de la obra literaria de Mariana Lev, que ya suma tres libros, hecho que nos ubica en el grupo de lectores que acaba de conocerla, y enhorabuena. Conocerla en persona fue asimismo recordarnos, como si Mariana fuese una parte nuestra que siempre ha estado allí, pero por alguna razón hacía tiempo habíamos olvidado, por lo que traerla a la memoria y dejar que las palabras entre nosotros restituyeran esa conexión que nos ata ineluctablemente, fue agregar un ladrillo más en el edificio que somos, como una torre, que busca llegar al cielo, con lo que nos ligamos finalmente a la temática de esta vigilia: La torre de Babel.

En su libro “De raíces y de alas” antes de llegar al poema Babel, tenemos el poema Otredad. Permítasenos empezar por aquí, por la otredad, que es, como todos saben, el quid de nuestro tema, reflejado en el egoísmo. He aquí el poema:

Otredad
1.
Cuántas mujeres fui
antes de ser yo?
De qué sombras,
de qué voces, de qué almas
nació ésta?
2.
Con la plegaria al viento
vas por el surco
hiriendo la hembra verde.

Sin detenerte
dejas que fluya
la gota bienhechora
por tu rostro
curtido de soles.

Eres campo
donde retoña
mil veces el alba.
Eres asombro transparente
y amasas estrellas
en la luna que crece.
3.
Me pierdo y encuentro
en la hembra
luminosa
nutricia,
comunión de piel y savia.
4.
Tengo un pacto
hecho en el silencio
de cada mañana.
Sin sangre
sin señas
sin promesas,
es solo un secreto
que compartimos
en la dulzura de los atardeceres
al final de un aguacero.

Hemos pactado
con tu tristeza valiente
con mi miedo,
y la esperanza
galopando en la sangre rebelde
porque soñamos los mismos sueños
estrujadas en milenios
de pesadumbre.

Mujer, mujer
hembra fecunda
infecunda
toma mi mano
-es la tuya-
y escucha
este eco de alas.
5.
Camino
desbocada
por un mundo impropio.
Sin fuerza en el alma
incapaz de comenzar
el vuelo solitario,
como un fantasma
disfrazado de mujer
me deslizo en el día.
6.
Puedo convertirme
en otra mujer de sal.
Con ojos vacíos de llanto
deshecha en el tiempo
inerte ante el horror
de todas mis preguntas.

El viento rasgará
este cuerpo
-estatua en el desierto-
pulverizando el alma
mientras callará por siempre
el grito de mis voces.
7.
Al filo de un abismo
caminaré siempre.
Nada es seguro
para mí,
ni el amor
ni el dolor.
8.
No hay candado
ni llave
pero intento salir
y no puedo.


Ahora, para los propósitos posteriores de nuestra vigilia, que serán dilucidados más adelante, haremos un pequeño ejercicio, un poco algebraico, para extraer algunos elementos que vamos a utilizar sobre el poema Babel. Así, yendo al grano, en el primer fragmento tenemos:

Cuántas mujeres fui
antes de ser yo?
De qué sombras,
de qué voces, de qué almas
nació ésta?

Mariana nos refiere un proceso de corrección de las almas: (¿Cuántas mujeres fui antes de ser yo?), es decir, un proceso que depura las almas en pos de una meta. Y ello implica (como veremos más adelante) la corrección de nuestro ego, es decir, el deseo en beneficio propio.
Luego, con exquisita finura, nos regala un lúdico fragmento, de aparente ambigüedad:

Mujer, mujer
hembra fecunda
infecunda
toma mi mano
-es la tuya-
y escucha
este eco de alas.

Observamos esa delicada yuxtaposición de ideas excluyentes, una armonía bitonal, si se reduce al binomio el análisis de los versos:

Mujer, mujer
hembra fecunda
infecunda
toma mi mano
-es la tuya-
y escucha
este eco de alas.

Veamos: (Mujer infecunda, toma mi mano)x(mujer, hembra fecunda, infecunda toma mi mano). Luego: en el segundo término y reordenando, podemos extraer: (mujer, hembra fecunda, toma mi mano infecunda)x(mujer, hembra fecunda, infecunda toma mi mano). Así, en el caso original, parece que la mujer infecunda toma la mano fecunda que se le ofrece, mientras en el reordenamiento, la mujer fecunda recibe una mano infecunda.
A esto hay que agregar: Mujer, mujer hembra fecunda, que con la repetición se vuelve exclamativo, pero al no haber una delimitación gramatical, infecunda queda irremediablemente unida, por lo que la mujer parece ser fecunda e infecunda al mismo tiempo. Puede verse como un proceso temporal, pues una mujer no es fecunda per se, sino luego del acto de fecundación.
¿Por qué mencionamos algo del conocimiento público? Pues bien, los sabios estudiosos de la Torá, hablan de que la letra hebrea ב (bet) no solo significa casa sino que, también significa mujer. Mariana Lev, consciente de antiguas ciencias preservadas en las tradición judía, hace uso a nivel simbólico de ella en su poesía: “Un hombre sin una casa no es un hombre” y “La casa del hombre es su esposa”, de lo que se desprende, “Un hombre sin una esposa, no es un hombre”.
Luego tenemos la mano, a la que se asocia la letra י (iud) que no por pequeña es menos que ninguna otra. El secreto de este punto es el poder del Infinito de contener el fenómeno finito dentro del Sí Mismo, y expresarlo en la realidad externa aparente. Es el principio de acción y reacción, lo que fecunda.
Otro detalle muy elegante de esta yuxtaposición que hemos tratado de explicar, es que en sí, no es del todo explicable, pues la idea es percibirla, como en realidad debe hacerse con la poesía, que se niega a entrar en la razón. Para ello no nos bastan nuestros cincos sentidos comunes (casi nos estorban) sino que es menester percibirla con el alma.
Pero antes de ir a Babel, veamos más en detalle este otro fragmento:

Puedo convertirme
en otra mujer de sal.

Mariana aquí, evidentemente, nos habla de la mujer de Lot, y con ello nos lleva de nuevo a la idea de la corrección del alma. ¿Y para qué es que tendríamos que corregir el alma? Pues bien, quizá en Babel encontremos alguna respuesta.


Babel

I

Babel era una cama enorme
carcelaria,
llena de ayes
y silencios extenuantes
derramados
entre almohadas secas.

La cama naufragaba
sostenida apenas sobre sí,
salida de la nada
y vuelta a ella
por todos los milenios,
en el infinito laberinto
de los gestos aprendidos.

Con su peso de adioses
y retornos
olorosa a los sudores
de ellos
de ellas,
entristecida y muda
Babel era una cama
demencial y trágica
como nosotros.

Una cama
-nos dijeron-
para ser
para amar
para envejecer
para morir
juntos.

Babel era el eterno presagio
De todas las confusiones.

II

Babel era la torre maldita
de nuestros sueños,
siempre trepando
a los cielos irreales.

Una telaraña quebradiza,
asesina de nuestros juegos.

La torre se erguía
poderosa en su miseria,
y nosotros
ingenuos aun
intentábamos subir
un sinfín de escalones,
mientras nos desintegraba
el aire gélido.

III

La torre era una cama
retorcida de crujidos
donde intentábamos
reinventar
entre siglos y sigilos
estos cuerpos maltrechos
cenicientos,
en una sola noche milenaria
en la duermevela
de los amantes primerizos
en la agonía ilimitada
de los desamores.

IV

Babel era el infierno
de nuestras voces sin eco.

Ahí buscamos
perpetuar
esta especie nefasta,
haciendo
deshaciendo
todas las palabras.

Cada noche
nos sumergimos
en nuestra cama,
escalamos nuestra torre
para hacer el milagro
que nos permitiera
hallar al fin
el verbo consagrado.

Pero fue inútil.

Solo repetimos
las odiosas rutinas
sin poder descifrar
los misterios
de la torre.

Cobijamos la carne
bajo el mismo manto
fantasmagórico
de nuestros padres,
remontamos las almas
por los sueños repetidos
sin agregar nada,
sin siquiera abrir
los propios cerrojos.

Nuestra Babel
era ya una pila de huesos
polvorientos
yaciendo inevitablemente
sobre las sábanas deshilachadas.

V

No hay en Babel
muerte o vida
solo esa nada
informe
pegajosa
de dos seres
intentando amarse
sin lograrlo jamás.

La torre
renace poderosa
sobre la esperanza hecha sangre.

El viento
se adueña de la cama
recién tendida
para los nuevos amantes.

Sin la fatídica certidumbre
de su derrota,
ellos también lo intentarán

Nosotros somos historia.



Si recordamos nuestra primera vigilia, en ella intentamos buscar la música propia de la poesía, manifestada en su estructura métrica, que determina la resonancia de la acentuación propia del lenguaje. Pues bien, en esta ocasión, le daremos una mirada al metalenguaje en la poesía de Mariana Lev. Encontramos en la Wikipedia la siguiente definición:

En lógica y filosofía del lenguaje, un metalenguaje es un lenguaje que se usa para hablar acerca de otro lenguaje.1 Al lenguaje acerca del cual se está hablando se lo llama el lenguaje objeto. El metalenguaje puede ser idéntico al lenguaje objeto, por ejemplo cuando se habla acerca del español usando el español mismo.2 Un metalenguaje a la vez puede ser el lenguaje objeto de otro metalenguaje de orden superior, y así sucesivamente. Distintos metalenguajes pueden hablar acerca de diferentes aspectos de un mismo lenguaje objeto.

En el caso que nos ocupa, nos enfrentamos al lenguaje poético, que sigue reglas distintas al lenguaje cotidiano. Luego tenemos la simbología cruzada propia de Mariana Lev, derivada de su experiencia y la simbología de la fuente de la que surge la idea del poema, es decir, la historia de la torre de Babel. Para fines prácticos, hemos obviado otros factores, como lo es el de la traducción cultural, etc. Recordarán que en el artículo “El corazón de la palabra” hablamos sobre la traducción (quien tiene la bondad puede encontrarlo en este blog) y la interpretación de lo que creemos que dice el original.
Así pues, dado el tema del poema, bien conviene descifrar su mensaje. ¿Qué significa la historia de la Torre de Babel? ¿Y esa presencia soterrada del egoísmo humano y la corrección en la obra literaria de Mariana Lev, a qué nos lleva? ¿Cómo conjugamos elementos tan heterodoxos en lo que, leído a la ligera, es un poema sobre una historia del Viejo Testamento, vertido de la Torá? ¿Qué tiene que ver aquella antigua historia con nosotros, con muestra actualidad?
Para empezar, hablemos del ego. El Dr. Michael Laitman, en su libro, “Torre de Babel: último piso”, nos dice:

En la antigüedad, el hombre era más cercano a la Naturaleza y trataba de mantenerse ligado a ésta. Había dos motivos para ello:
• El egoísmo no desarrollado aún no había distanciado al hombre de la Naturaleza, permitiéndole así sentirse como parte integral de ésta;
El insuficiente conocimiento de la Naturaleza provocaba temor hacia ella, obligando al hombre a considerarla como superior.
Por estas dos razones, el hombre aspiró no sólo a acumular el conocimiento sobre los fenómenos del mundo circundante, sino a conocer las fuerzas que lo gobiernan. La gente no podía esconderse de los elementos como lo hace hoy, evitando las fuerzas de la Naturaleza en un mundo creado artificialmente. Sus órganos sensoriales, aún no deformados o degenerados por la tecnología con- temporánea, eran capaces de sentir el mundo circundan- te con mayor profundidad. El miedo a la naturaleza y, simultáneamente, la proximidad a ella, impulsó al hombre a descubrir lo que ésta quería de él, si tenía alguna meta, y para qué creó los humanos. La humanidad aspiró a en- tenderlo tan profundamente como le era posible.

Pero, nos dice el Dr. Laitman en el desarrollo del libro, el egoísmo, como parte intrínseca a la naturaleza humana, fue evolucionando con el ser humano:

La evolución del egoísmo del hombre determina, define y, de hecho, diseña la historia completa de la humanidad. El egoísmo en desarrollo impulsa a los seres humanos a estudiar el medio ambiente para poder materializar los crecientes deseos egoístas. En contraste con lo inanimado, vegetativo y animado de nuestro mundo, los humanos evolucionan sin cesar en cada generación, y ocurre en cada individuo durante su breve existencia.
El egoísmo humano evoluciona en cinco niveles de intensidad. En la antigüedad, el hombre no era lo suficientemente egoísta para oponerse a la Naturaleza. La percibía a ésta y a todo lo que le rodeaba, y la sensación de reciprocidad era su forma de comunicación con ella. En muchos aspectos era hasta silencioso, como en la telepatía, en un cierto nivel espiritual. Este modo de comunicación toda- vía puede ser encontrado entre pueblos indígenas.
El primer nivel de crecimiento egoísta provocó una revolución en la humanidad. Esto creó un deseo de cambiar la Naturaleza por el propio bien del hombre, en vez de cambiar al hombre para hacerse similar a ella. Metafóricamente, este es descrito como un deseo de construir una torre que alcanza el cielo para dominar la Naturaleza.
El aumentado egoísmo arrancó al hombre de la Naturaleza. En vez de corregir la incrementada oposición a ella, el hombre se atrevió a imaginar que podría alcanzar al Creador egoístamente, no a través de la corrección del ego, sino que dominando todo.
Así, el hombre colocó su “yo” en contraste con el ambiente, opuesto a la sociedad y a las leyes de la existencia, en vez de percibir a los demás como similares y cerca- nos, y a la naturaleza como el hogar. El odio reemplazó al amor; las personas se alejaron entre sí, y la única nación del mundo antiguo fue dividida en dos grupos, los cuales se bifurcaron en este y oeste. Como consecuencia, cada grupo se dividió en muchas naciones, y hoy, de nuevo es- tamos siendo testigos del comienzo de un acercamiento y de una reconexión hacia una sola nación.

Bien, regresemos a Babel y a Mariana Lev. Pero antes refresquemos la historia de la torre de Babel, a la luz de las interpretaciones “oficiales”:
La Torre de Babel, en la tradición bíblica, es una construcción mencionada en el antiguo Testamento. Según algunas interpretaciones del capítulo 11 del Génesis los hombres pretendían, con la construcción de esta torre, alcanzar el cielo.
De acuerdo a la Biblia, el Señor, para evitar el éxito de la edificación, hizo que los constructores comenzasen a hablar diferentes lenguas, luego de lo cual reinó la confusión y se dispersaron por toda la Tierra.

En el libro que mencionamos del Dr. Laitman, él aclara el significado de la torre de Babel en estos términos:

La Torá describe esto alegóricamente (Génesis, 11:1-8) de la siguiente manera: “Y toda la tierra tenía una sola lengua y un solo discurso. Y aconteció, cuando viajaron al este, que encontraron una llanura en la tierra de Shinar; y allí se establecieron..., y dijeron: ‘Vamos, edifiquemos una ciudad, y una torre, con su cúspide en el cielo, y hagámonos un nombre famoso; por miedo de que seamos dispersados en el extranjero sobre la faz de toda la tierra’. Y el Señor descendió para ver la ciudad y la torre que los hijos de los hombres construyeron. Y el Señor dijo: ‘contempla, son un solo pueblo, y todos tienen una misma lengua; y esto es lo que comienzan a hacer; y ahora nada les será imposible, lo que se propongan hacer. Vamos, descendamos y confundamos su lengua, para que no puedan comprender el lenguaje del otro’. Entonces el Señor los dispersó desde allí en el extranjero, sobre la faz de toda la tierra; y dejaron de construir la ciudad”.
Flavio Josefo escribe que Nimrod instó a la gente a desafiar al Creador. Les aconsejó que construyeran una torre más alta de lo que las aguas pudiesen elevarse, por si el Creador enviase de nuevo una inundación, y así se vengarían del Creador por la muerte de sus antepasados. Sin escatimar esfuerzo alguno o entusiasmo, comenzaron a construir una torre. Al ver que la gente no se corrigió después de la lección de la inundación, el Creador causó que hablaran muchas lenguas. Por lo tanto, no se entendieron el uno al otro y se dispersaron. El lugar donde la torre fue construida fue llamada Babilonia, por haber sido el lugar donde las lenguas se mezclaron, en vez del único idioma que antes existió.
A principios del siglo 20, un arqueólogo alemán, Robert Koldewey, descubrió en Babilonia las ruinas de la torre de una dimensión equivalente a 90 x 90 x 90 metros. A su vez, Herodoto (aproximadamente 484-425 AEC) describió la torre como una pirámide de ese mismo tamaño con 7 niveles.
Las fuentes históricas dicen que en el centro de Babilonia se encontraba el templo de la ciudad Esagila, y cerca, el templo de la deidad suprema, Marduk, la Torre de Babel. Fue llamado Etemenanki, lo que significa la piedra angular del cielo y la tierra.
En aquel tiempo, Esagila era el centro religioso del mundo en la lucha contra la religión monoteísta. La astrología, los signos del Zodíaco y los horóscopos, la adivinación, el misticismo numerológico, el espiritualismo, la magia, la brujería, los hechizos, el mal de ojo, la invocación de malos espíritus, todos ellos fueron desarrollados en Esagila. Estas creencias todavía persisten, y en particular hoy somos testigos de su explosión definitiva.
Desde entonces, y durante los últimos 5,000 años, el hombre ha estado confrontando a la Naturaleza, el atributo del altruismo absoluto. En vez de corregir el siempre creciente egoísmo en altruismo, la humanidad ha erigido un escudo artificial para protegerse de ella. Para ayudar a salvaguardarse, la humanidad ha estado desarrollando la ciencia y la tecnología durante los últimos 5,000 años, y esta es, de hecho, la erección de la Torre de Babel. Así, en vez de corregirnos a nosotros mismos, queremos gobernar la naturaleza.
El egoísmo en la especie humana ha aumentado des- de entonces, y hoy en día es la culminación. La humanidad se ha desilusionado de llenar el egoísmo a través del desarrollo social o tecnológico. Hoy, comenzamos a darnos cuenta que desde el tiempo de la crisis en Babel, hemos forjado nuestro camino en vano.
Particularmente hoy, cuando reconocemos la crisis y el callejón sin salida de nuestro desarrollo, se puede decir que la confrontación del egoísmo con el Creador es, en realidad, la destrucción actual de la Torre de Babel. Antes, fue destruida por la Fuerza Superior, pero hoy está siendo demolida en nuestra propia conciencia, como si fuera por nosotros. La humanidad está dispuesta a confesar que el camino que eligió -compensar la oposición egoísta de la Naturaleza por la tecnología, en vez de corregir el egoísmo en altruismo-, nos conduce a un punto sin salida.

¿Y qué nos dice entonces Mariana Lev en su poema Babel? Le invitamos a que reconsidere su lectura, a que, más que desear aprehender algún significado con el uso de la razón, se decida a darle una oportunidad a su alma, al deseo que aspira a la corrección de egoísmo humano, y verá como los versos de Babel le hablan de otra manera, conectándolo de un nuevo modo.